¿Qué
es el amor? ¿Es algo que puede surgir a primera vista, como si viniera desde el
fondo del alma, predestinado por algo superior, sin lógicas ni razones? ¿O es
lo contrario, algo que se construye con el tiempo, con la costumbre, y que se
siente por alguien que se conoce, y con quien
se comparten cosas? ¿Existe realmente o no es más que otro invento de la
humanidad, como consecuencia de su constante intento de evadir a la soledad?
Llevaba
horas sentado en esa plaza, haciéndose esas preguntas, pensando y pensando,
tratando de encontrar al menos una respuesta a aquellos interrogantes que la
humanidad se hizo desde siempre, pero que nadie pudo solucionar. Estaba enojado
consigo mismo por perder el tiempo en eso. El, Sebastián Montero, todo un
hombre practico, razonable, consciente de que las cosas son como son y punto,
que estaba a un día de casarse con su novia de siempre, a quien conocía y
apreciaba, cuestionándose cosas que nunca le habían importado. Porque ni
siquiera en los inicios de su adolescencia se había preocupado por banalidades
como esas.
Debía
levantarse, volver a su trabajo. Tenía muchas cosas que hacer antes de irse a
su luna de miel. Sería un viaje corto. Solo pararían unos días en algún lugar
al que su prometida quisiera ir. Había muchas cosas que terminar en su compañía
como para que los dos faltaran por mucho
tiempo. No confiaba en ninguno de sus empleados.
-Parece
que está pensando mucho. Eso no siempre es muy saludable- Escucho que alguien
decía a su lado- Perdone joven, no quería molestarlo- Agrego el hombre cuando
vio la cara que ponía Sebastián-.
-Está
bien, no se preocupe. No lo escuche llegar y me tomo por sorpresa. Eso es
todo-.
-Eso
es porque, como lo dije antes, pensaba mucho. Por la seriedad con que lo hacía,
supongo que en el amor. ¿En alguien en especial, o solo en general?-.
-Solo
en general- Contesto Sebastián, pensando en quien era ese hombre que,
considerando las arrugas en su cara, debía de tener unos 70 años. Tenía que
irse, volver a su rutina, pero había algo en ese viejo que le resultaba
familiar, como si lo conociera de antes – Me preguntaba si existía-.
-Esa
es la pregunta del millón. La verdad es que yo no sé si existe o no. Pero si
estuve cerca de el hace varios años en eta misma plaza.
“No
puedo decirte si era un día hermoso como el de hoy o si era el más feo de
todos, porque yo estaba tan metido dentro de mí, preocupado solo por mis cosas,
que no me fije en nada más. Pero hubo un instante en el que algo paso. Yo no sé
si fue el destino, una casualidad, un ruido o algo divino lo que hizo que
saliera de mis cavilaciones y mirara a mi alrededor”.
“Su
sonrisa fue lo primero que note. Era franca, como de quien es realmente feliz.
En ella se percibía la inocencia que su dueña poseía, esa misma que tienen los
chicos que aún pueden creer en el mundo color de rosa. Sus ojos brillaban
y, por algún extraño motivo, me hicieron
pensar en el amanecer”.
“-
Me llamo Sofía Flores- Dijo mientras se sentaba a mi lado-“.
“Y
así fue como nos convertimos en dos extraños que se sentaron en una plaza para
conocerse, pese a que con solo una mirada ya sabían lo más importante. Sin que
nos diéramos cuenta llego la noche y con ella la magia se fue. Era el momento
de despedirnos.”.
“Quise
pedirle su número, preguntarle su dirección, fugarme con ella a algún lugar
lejano, escapar de todo. Pero no pude hacer nada de eso. Yo estaba por casarme
con alguien a quien no amaba, pero que si conocía. Me dio miedo abandonar lo
seguro por una mujer con la que acababa de cruzarme. No le hice caso a mi
corazón, deje las cosas como estaban. Intente seguir con mi vida, como si nada
hubiese ocurrido, porque así era más cómodo”
“No
ha pasado un día sin que piense en ella,
preguntándome como sería mi vida hoy si no hubiese elegido lo fácil. A
mejor no hubiese dejado de ser solo una
chica que vi una tarde en una plaza, o tal vez se convertía en la razón de mi
vida. La cuestión es que nunca voy a saberlo
y la duda es terrible”.
Sebastián
se dio cuenta de que al viejo la voz le fallaba y levanto la mirada justo a
tiempo para ver como una lágrima recorría su mejilla sin que él se preocupara
en ocultarla.
-Pero
hoy el de arriba me regala otra oportunidad para cambiar las cosas. Me da una
revancha. Por eso volví a esta plaza, a este momento, después de tanto tiempo.
Te voy a dar un consejo- le dijo mirándolo fijo por primera vez. Al joven su
cara cada vez le parecía más familiar
-si el amor golpea a tu puerta abrile sin preguntar quién es. No permitas que la historia se repita. Dale
otro final-.
Sebastián
se quedó unos momentos mirando hacia la calle, pensando en lo que el hombre le
acababa de decir. Cuando volteo su cara para preguntarle porque le contaba todo
eso, él ya no estaba. El viejo se había ido tan silenciosamente como había
llegado
Continúo
durante unos minutos ahí sentado, perdido en su propio laberinto de ideas,
hasta que decidió que ya era hora de volver a su mundo. Levanto la vista y la
vio. Estaba parada frente a él, mirándolo curiosamente, con una sonrisa pura y
franca como pocas.
-Me
llamo Sofía Flores- dijo mientras se sentaba a su lado-.
Y
así fue como se convirtieron en dos extraños que se sentaron en una plaza para
conocerse, pese a que con solo una mirada sabían lo más importante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario