TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


REVANCHA DEL DESTINO por Dianela Dadone

REVANCHA DEL DESTINO

¿Qué es el amor? ¿Es algo que puede surgir a primera vista, como si viniera desde el fondo del alma, predestinado por algo superior, sin lógicas ni razones? ¿O es lo contrario, algo que se construye con el tiempo, con la costumbre, y que se siente por alguien que se conoce, y con quien  se comparten cosas? ¿Existe realmente o no es más que otro invento de la humanidad, como consecuencia de su constante intento de evadir a la soledad?
Llevaba horas sentado en esa plaza, haciéndose esas preguntas, pensando y pensando, tratando de encontrar al menos una respuesta a aquellos interrogantes que la humanidad se hizo desde siempre, pero que nadie pudo solucionar. Estaba enojado consigo mismo por perder el tiempo en eso. El, Sebastián Montero, todo un hombre practico, razonable, consciente de que las cosas son como son y punto, que estaba a un día de casarse con su novia de siempre, a quien conocía y apreciaba, cuestionándose cosas que nunca le habían importado. Porque ni siquiera en los inicios de su adolescencia se había preocupado por banalidades como esas.
Debía levantarse, volver a su trabajo. Tenía muchas cosas que hacer antes de irse a su luna de miel. Sería un viaje corto. Solo pararían unos días en algún lugar al que su prometida quisiera ir. Había muchas cosas que terminar en su compañía como para que los dos faltaran  por mucho tiempo. No confiaba en ninguno de sus empleados.
-Parece que está pensando mucho. Eso no siempre es muy saludable- Escucho que alguien decía a su lado- Perdone joven, no quería molestarlo- Agrego el hombre cuando vio la cara que ponía Sebastián-.
-Está bien, no se preocupe. No lo escuche llegar y me tomo por sorpresa. Eso es todo-.
-Eso es porque, como lo dije antes, pensaba mucho. Por la seriedad con que lo hacía, supongo que en el amor. ¿En alguien en especial, o solo en general?-.
-Solo en general- Contesto Sebastián, pensando en quien era ese hombre que, considerando las arrugas en su cara, debía de tener unos 70 años. Tenía que irse, volver a su rutina, pero había algo en ese viejo que le resultaba familiar, como si lo conociera de antes – Me preguntaba si existía-.
-Esa es la pregunta del millón. La verdad es que yo no sé si existe o no. Pero si estuve cerca de el hace varios años en eta misma plaza.
“No puedo decirte si era un día hermoso como el de hoy o si era el más feo de todos, porque yo estaba tan metido dentro de mí, preocupado solo por mis cosas, que no me fije en nada más. Pero hubo un instante en el que algo paso. Yo no sé si fue el destino, una casualidad, un ruido o algo divino lo que hizo que saliera de mis cavilaciones y mirara a mi alrededor”.
“Su sonrisa fue lo primero que note. Era franca, como de quien es realmente feliz. En ella se percibía la inocencia que su dueña poseía, esa misma que tienen los chicos que aún pueden creer en el mundo color de rosa. Sus ojos brillaban y,  por algún extraño motivo, me hicieron pensar en el amanecer”.
“- Me llamo Sofía Flores- Dijo mientras se sentaba a mi lado-“.
“Y así fue como nos convertimos en dos extraños que se sentaron en una plaza para conocerse, pese a que con solo una mirada ya sabían lo más importante. Sin que nos diéramos cuenta llego la noche y con ella la magia se fue. Era el momento de despedirnos.”.
“Quise pedirle su número, preguntarle su dirección, fugarme con ella a algún lugar lejano, escapar de todo. Pero no pude hacer nada de eso. Yo estaba por casarme con alguien a quien no amaba, pero que si conocía. Me dio miedo abandonar lo seguro por una mujer con la que acababa de cruzarme. No le hice caso a mi corazón, deje las cosas como estaban. Intente seguir con mi vida, como si nada hubiese ocurrido, porque así era más cómodo”
“No ha pasado un  día sin que piense en ella, preguntándome como sería mi vida hoy si no hubiese elegido lo fácil. A mejor  no hubiese dejado de ser solo una chica que vi una tarde en una plaza, o tal vez se convertía en la razón de mi vida. La cuestión es que nunca voy a saberlo  y la duda es terrible”.
Sebastián se dio cuenta de que al viejo la voz le fallaba y levanto la mirada justo a tiempo para ver como una lágrima recorría su mejilla sin que él se preocupara en ocultarla.
-Pero hoy el de arriba me regala otra oportunidad para cambiar las cosas. Me da una revancha. Por eso volví a esta plaza, a este momento, después de tanto tiempo. Te voy a dar un consejo- le dijo mirándolo fijo por primera vez. Al joven su cara cada vez le parecía más familiar  -si el amor golpea a tu puerta abrile sin preguntar quién es.  No permitas que la historia se repita. Dale otro final-.
Sebastián se quedó unos momentos mirando hacia la calle, pensando en lo que el hombre le acababa de decir. Cuando volteo su cara para preguntarle porque le contaba todo eso, él ya no estaba. El viejo se había ido tan silenciosamente como había llegado
Continúo durante unos minutos ahí sentado, perdido en su propio laberinto de ideas, hasta que decidió que ya era hora de volver a su mundo. Levanto la vista y la vio. Estaba parada frente a él, mirándolo curiosamente, con una sonrisa pura y franca como pocas.
-Me llamo Sofía Flores- dijo mientras se sentaba a su lado-.

Y así fue como se convirtieron en dos extraños que se sentaron en una plaza para conocerse, pese a que con solo una mirada sabían lo más importante.

No hay comentarios: