MEMORIAS
Una tarde después
de almorzar, puse la pava, limpié el
mate y me senté frente a la computadora a escribir. Me quedé paraliza mirando
el monitor con la ventana de word
abierta con su página en blanco. Me cebe un mate, esperando que alguna idea se
presentara en mi mente para empezar a escribir; apagaba y prendía el televisor,
cambiaba canales, buscaba ideas en internet, leía cuentos de diferentes
autores, cuantos que habían escrito mis
compañeros en la universidad, pero nada funcionaba. Me resigné, me levanté de
la silla, agarré mi celular, los auriculares, mi etiqueta de cigarrillos, el
encendedor y me fui al balcón a fumar un pucho mientras escuchaba un poco de
música para inspirarme. Me puse los auriculares, puse música, y cerré los ojos
por un momento, y en un parpadeo comenzó todo.
La gente se veía diferente, como cansada, caminaban de
forma muy extraña, con la cabeza casi pegada al hombro y con muchas
dificultades para poder movilizar sus piernas y sus brazos, tenían el cuerpo
como duro, la piel estaba casi morada y a lo lejos se escuchaban voces con
gritos de desesperación. Las personas se
habían vuelto zombies.
Mi corazón empezó
a latir cada más fuerte, se me puso la piel de gallina, quedé paraliza, sentía
que se me cortaba la respiración, era impresionante lo que veía, no podía creer
lo que mis ojos estaban viendo, no podía ser real, nada de lo que mis pupilas
estaban reteniendo podía ser real. No quería creerlo, me pellizcaba porque
pensé que todo era un sueño, pero todo
seguía siendo como mis ojos lo veían. Rápidamente, me metí adentro del
departamento, bajé todas las persianas, cerré bien los vidrios de las ventanas,
cerré las puertas con llave y agarré mi celular, intentaba comunicarme con mi
familia, con mis amigos, pero no podía, no había señal, las líneas estaban
todas cortadas, no había forma de comunicarme con nadie, la única opción que me
quedaba era salir a la calle, pero corría el riesgo de que me agarra algún
zombie, así que opté por quedarme tranquila, encerrada.
De repente, los
gritos empezaron a escucharse cada vez más cerca, eran gritos desgarradores, desesperantes,
de mucho sufrimiento y fue en ese preciso momento donde recordé que Araceli, mi
compañera de departamento, había salido temprano por la mañana y todavía no
había vuelto. Mi desesperación fue peor, ya que seguramente ella se había
convertido en uno de ellos y en cualquier momento iba a regresar. En ese
momento escuché que abrían la puerta de la reja del complejo, así que corrí y
dejé la llave cruzada en la cerradura, empujé la mesa en contra de la puerta
para que nadie pudiera abrirla. Me quedé tiesa, casi inmóvil, cuando el
picaporte empezó a moverse y Araceli a los gritos me pedía que le abra. Levanté
un poco la persiana que da adentro del complejo y vi que ella seguía siendo normal. Corrí la mesa y le
abrí la puerta, ella entró y en el momento que estaba cerrando la puerta, un
zombie vino corriendo, entre las dos alcanzamos a correr la mesa y trabar la
puerta. Cerramos la misma con llave y nos abrazamos, mientras llorábamos. No
podíamos creer lo que estaba pasando. Miré la ventana y ví que estaba un poco
abierta y se veían personas que subían y bajaban las escaleras corriendo y
gritando. Nos quedamos quitas. Los golpes en la puerta eran cada vez peor, ya
la mesa no resistía, así que corrimos la mesa de la computadora y la de la tele
para hacer más peso y que no pudieran abrir la misma.
Ya no sabíamos
que más hacer. Agarramos los celulares y empezamos a llamar a nuestros
familiares y amigos, los celulares tenían tono, las líneas funcionaban otra
vez, pero nadie atendía del otro lado. Pasaban las horas y el miedo que
sentíamos era cada vez peor. No podíamos dejar de llorar y pensar que nuestros
seres más queridos se habían convertido en uno más de ellos.
Empezaba anochecer
y los ruidos se hacían más fuerte, en ese momento el celular de Araceli comenzó
a sonar, atendió, era Sabrina, su hermana, que lloraba del otro lado del
teléfono desesperada, le contaba que estaba encerrada en su casa, sola, porque
toda la familia se había convertido en zombies, así que Araceli le dijo que por
ningún motivo saliera afuera.
Ya de noche todo
parecía estar más calmo, los ruidos ya no se escuchaban más y Araceli se
atrevió a abrir la persiana del balcón y asomarse por el mismo. Entró y me dijo
que no había más nada, que se iba a ir a ver a Sabrina, yo le dije que no
saliera, pero no me hizo caso, agarro su celular y se fue. Estuvimos hablando
por teléfono mientras ella se dirigía a casa de su hermana y hasta ahí, todo
bien. Me decía que le faltaban un par de cuadras para llegar a la casa, que no
había visto a nadie y en ese momento la escuché gritar, y me di cuenta de que
la habían agarrado. Intenté comunicarme con Sabrina, para avisarle, pero no
pude, ya que no tenía su número de teléfono. Intenté conectarme a facebook pero
hasta internet estaba cortado. Era desesperante, saber que Sabrina iba a correr
la misma suerte que Araceli.
Otra vez empecé a
sentir los ruidos, así que volví a cerrar todo. Apagué las luces y me quedé en
un rincón cerca del baño sentada a la luz de mi celular, esperando que
amaneciera otra vez. Escuchaba gente gritando y llorando, eso me desesperaba
más, tenía la necesidad de salir ayudarlos, pero era tanto el miedo que tenía
que no podía moverme de donde estaba. Agarré los auriculares del teléfono y me
puse a escuchar música para olvidarme de todo lo que estaba pasando, pero no
podía, los gritos eran más fuertes que cualquier cosa y con la música, los
escuchaba igual.
Llamé a mi casa
otra vez y me atendió el teléfono mi mamá. Llorando le conté lo que estaba
sucediendo en Villa María, y lo que le había pasado a Araceli. Mi mamá
desesperada me dijo que me venía a buscar y que me llevaba al pueblo con ella,
yo le dije que no viniera, que la cosa acá estaba bien fulera. Ya había perdido
a mis amigas y amigos, no quería perder a mi familia. Le dije que le cortaba
porque no quería hacer ruidos, que se quedara tranquila, que yo estaba bien,
que la amaba mucho y corté. Yo seguía en el mismo lugar, quieta e intentando
tranquilizarme y dejar de llorar. Me
Dormí.
Era de madrugada,
me desperté, todo estaba tranquilo, no se escuchaba más ningún grito, pero de
todas maneras me quedé quieta. Agarré el celular y llamé a mi mamá otra vez,
para que se quedara tranquila de que yo estaba bien. Hablamos un rato y le
volví a cortar. En ese momento un rayo del sol, se asomó bajo la puerta, y me
dí cuenta que ya estaba amaneciendo. Me levanté, me acerqué al ventanal del
balcón, subí la persiana y me asomé. Todo estaba tranquilo, ya no había nada
por lo cual tener miedo.
Cerré mis ojos
por unos segundos, para apreciar el aire fresco del amanecer y fue ahí cuando
sentí que una mano tocaba mi hombro derecho, sobresaltada me di vuelta, era
Araceli, que había vuelto de la universidad y fue en ese momento, donde creí
que nada había pasado, que todo era producto de mí imaginación. La miré, me
acerqué a ella y la abracé lo más fuerte que pude, sentí que sus manos frías
casi desgarraban mi piel, intenté soltarme, su espalda estaba húmeda, levanté
la vista, miré su rostro, estaba pálido, su mirada perdida, ya no pude
alejarme, las lagrimas brotaron de mis ojos y sólo recuerdo que un dolor
inmenso recorrió mi cuerpo.
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