TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


EL ENCUENTRO por Ayelén Altamirano

EL ENCUENTRO

Hacía cuatro años que Rodolfo se había ido a vivir al campo junto a Carla, su mujer, embarazada de seis  meses y ese invierno que recién comenzaba,  se consideraba el peor de todos. Era encargado de cuidar el campo, la casa y los animales.
 Todas las noches ocurría lo mismo, la leña para la estufa que utilizaban para mantener cálida a la casa, no daba abasto y la noche helada que se aproximaba parecía que jamás iba a acabar. Salía a cada rato en  busca troncos. En una de las tantas veces que salió, vio que arriba del techo de su casa se hallaba una lechuza que lo miraba. No le dio importancia porque era habitual toparse con esos animales y pensó que se iría, pero no fue así. Salió una vez más a recoger leña, juntó toda la que pudo y observó que la lechuza seguía inmóvil en el techo y lo se seguía con sus agudos ojos.
Al día siguiente empezó desde muy temprano sus tareas, ya no se acordaba de lechuza,  hasta que se encontró con una  muerta. Le comentó a un  vecino lo que le sucedió, éste le dijo que era de mala suerte  y que momentos atroces le esperaban, esas aves con hábitos nocturnos eran mensajeras de las brujas y de la muerte. Durante los siguientes días las palabras de aquel hombre permanecieron  en sus pensamientos, pero creía que eran palabras, simples palabras de un anciano que de historias sabía  mucho. Las noches heladas continuaron, el frio no parecía tener piedad y la leña empezaba  a escasear. Algunos animales se morían, pero los veterinarios que iban a examinarlos no encontraban el motivo de aquellas muertes. Carla debía asistir con mayor frecuencia al médico, le daban fuertes dolores en el vientre y algunas veces el niño no se movía. El trabajo en el campo empezó a decaer y así el dinero.
Una noche Rodolfo se encontró nuevamente con una lechuza que volaba sigilosamente  alrededor  de él, trato de asustarla  pero  parecía no temerle. Empezó a pensar que realmente esos animales traían mala suerte  ya que desde aquel momento nada le salía bien. Insistió una vez más en espantar al animal, pero no lo logró.
Siempre era la misma lechuza que lo perseguía, lo supo porque era de color marrón y tenía una mancha blanca en su pecho y  así la reconocía. Al comienzo se le aparecía de noche y en el mismo lugar, pero empezó a verla durante el día, creía que le interesaba mucho lo que hacía porque a cada lugar que iba, ella lo perseguía y lo observaba    cuidadosamente.
La mala suerte de Rodolfo continuó, nada le salía bien. A Carla le encontraron complicaciones en la crecimiento del bebe. Los animales seguían muriendo y la lechuza siempre detrás de él.
Una tarde cansado de que nada le salga bien le reclamo a la lechuza   por qué lo había elegido a él para tal  sufrimiento. Carla lo observaba desde la ventana, no comprendía a quién le hablada con tanta  desesperación. Rodolfo seguía  gritando, esperaba una respuesta, pero el animal solamente lo miraba.
Los días, noche y meses pasaron, todo seguía igual, Carla creía que su marido estaba enloqueciendo, hablaba únicamente de la mala suerte que la lechuza le había provocado.
Una madrugada despertó a Rodolfo los gritos de su mujer, el parto se había adelantado. La llevo rápidamente al pueblo. Luego de una hora nació un hermoso varón que se encontraba muy bien de salud, pero debía  permanecer  dos semanas en incubadora ya que era prematuro. Durante ese tiempo Rodolfo no asistió al campo, había dejado a un joven como encargado hasta que  él regresara.

Cuando regresó  al campo ya no percibía la presencia de la lechuza. La mala racha parecía dar tregua. Poco a poco el calor de la primavera se empezó a  notar y con ella llegó  el progreso. La situación económica mejoró, los animales ya no se enfermaban y morían; pero cada vez que escuchaba  el chillido  de una lechuza, su mente comenzaba a temblar con los recuerdos  de aquel interminable y misterioso encuentro.

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