La visita
Cierro
mis ojos y escucho que tocan la puerta con un sonido peculiar, ese que solo una
persona sabe hacer pues sí, era mi abuelito, salgo corriendo para abrazarlo,
¡cuánto lo había extrañado!
-Tanto
tiempo, abuelito, ¿cómo estás?
-Bien
mija, estás muy grande.
-Sí,
abuelito. ¿Dónde anduviste que no me venías a visitar?
-Mija
estuve muy ocupado cuidándolos y no me daba tiempo para hablar contigo. ¿Vamos
por el helado de siempre?
-Sí
abuelito, espérame afuera.
Salimos
muy felices y empezamos a hablar de todo lo sucedido en este tiempo, le conté
que he aprobado todos los exámenes y él, orgulloso de mí, me felicitó con un
gran abrazo y me dijo ¿cómo está tu papá?
Con
muchos sentimientos encontrados le respondí que mi papá está bien, luchando
todos los días por nuestro futuro como siempre lo ha hecho, pero no baja la
guardia aunque está muy cansado.
Abuelito
con tanto orgullo dice ¡Ese es mi hijo! Siempre ha luchado por tanto y sé que
va a tener mucho, solamente cuídalo muy bien.
Mi
abuelito está radiante como si fuera el sol, también está muy calmado como el
sonido del viento entre los árboles, está feliz como cuando comemos nuestro
helado favorito.
Fuimos
a un parque y jugamos, después me habló de autos que él tuvo, me habló de los
motores de cada uno, las marcas, las mañas de cada auto y fallas que tenía, los
colores brillantes y el volante de cadena cromada.
Ya
se hacía tarde y mi abuelito me lleva hasta la casa, me acompaña hasta dormirme
y me dice que cuide mucho a mi papá, que nos extraña a todos, que sea una niña
de bien y que tenga muchas metas por cumplir.
Le
doy un fuerte abrazo y le agradezco por haber venido, le digo que lo voy a
extrañar mucho y que venga más seguido, así le hablo para ponerlo al tanto de
la situación de cada día.
Me
sonríe y se levanta para irse. Me acuesto a dormir pero a los minutos veo una
luz y era mi papá.
Me
despierta y me dice – Hija ya tarde, tienes que despertarte para ir a la
escuela.
Confundida
le respondí que ya había ido a la escuela y que pasé por un helado con mi
abuelito.
Con
los ojos llorosos me dice ¿Vino papá? Le respondo que sí, también que está muy
bien y brilla como el sol. Mi padre se puso feliz, me sonrió y se fue. Feliz
como no lo había visto desde la muerte de mi abuelo.
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