Entre frío y sombra
Las noches de
invierno en la casona suelen ser más frías de lo normal, después de haberlo
descubierto a él disfrutando a gusto y agrado íntegramente su alma.
Aquella tarde,
luego de tomarse unos mates y charlar con su amiga sobre la fiesta que se
realizaría en la finca por la noche, Lara se relajó en su cama y comenzó a
sumergirse en la profundidad del ensueño. Sintió el frío tocando su puerta,
pero ella no respondió, dejó que su cuerpo se inundara de odio y desesperación.
Apareció él, sumergido en deseo, naufragando por el frío y la sombra del vacío
reencuentro.
Lara no comprende
la situación, pero entiende que falta poco, sus horas están contadas.
-¡Lara despierta,
ya son las 11 de la noche! ¿Qué vas a hacer, vas a venir? -pregunta la amiga.
-Sí, sí, ya voy
-responde Lara. A medida que se despierta, siente un repentino escalofrío
recorriendo su cuerpo, la noche se acerca, la fiesta también, la oscuridad deja
de ocultarse, el viento choca los árboles, ya casi termina.
En el transcurso
del sábado por la noche, Lara y su amiga llegan a la fiesta en la finca, era la
primera vez que sus padres la dejaban salir y confiaban en que él iba a llegar
y terminar lo pactado.
A eso de las 3:30
de la madrugada, suena el celular de Lara y su cuerpo se paraliza, ya casi es
hora pero no imagina lo que le espera. Se dirige hacia la cocina de la finca,
ya que es un lugar más tranquilo para responder.
-Hola, ¿Quién
habla?
Al oír solo
suspiros detrás del celular, cuelga y se dirige de nuevo a la fiesta, pero
sorprendentemente ya no había nadie, era como si todos supieran lo que estaba
pasando; irse era mejor opción que enfrentarlo.
Temerosamente y
con angustia en su corazón, Lara se dirige afuera de la finca, asustada y sola.
Él estaba cerca…
-No encuentro a
nadie, la ruta está lejos para escapar -piensa Lara con desesperación.
Al mirar a lo
lejos para vislumbrar cualquier estrategia posible que le permitiera evitar el
tiempo restante, solo ve sombras, la noche había atrapado hasta la última
estrella, el frío se había apoderado, solo piensa en correr, pero su cuerpo
nuevamente se paraliza en el ferviente pudor de su mirada, reapareciendo el
reencuentro vacío. Lo que un día fue, dejó de ser.
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