TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


Noemí Arias

Café para dos

Los viernes en el café de la vieja esquina con mi padre se han vuelto las citas menos ansiadas desde que Bruno no está. No es que no me guste verlo, es que a veces se me hace difícil. No me queda otra opción, al viejo no le puedo pedir mucho después de tanto. La semana pasada otra vez me preguntó por mi hermano, Bruno está estudiando papá, ya sabés lo comprometido que es con su carrera, al punto que a veces se olvida que tiene familia, contesté como de costumbre. Con una sonrisa, tal vez resignado, respondió comprensivamente respecto del futuro brillante de Bruno,  atribuyéndole tantas cualidades, que sin dudas las habría heredado de mamá.
Si Lili estuviese acá. Sus conversaciones siempre terminan así, nombrándola con un nudo en la garganta, haciendo fuerza para contener una lágrima. Papá nunca ha intentado conocer a otra mujer.

Con una extraña mezcla de sensaciones despierto cada viernes. Mirando al gato pasar de un mueble a otro, me voy levantando lentamente, el primer pensamiento es cuál será la novedad que tendrá papá sobre Bruno y entre mates voy imaginando cómo llevaré la situación.
Ahí lo veo, sentado en la misma mesa frente a la ventana, con sus ojitos brillosos. Cuando me ve doblar por la esquina se le asoma una sonrisa y sonrío también. Se levanta rápidamente y me saluda con un fuerte abrazo. Comenzamos hablando de las cosas sencillas, de cómo estuvieron nuestras semanas; le cuento de mi rutina con mis alumnos, de mis compromisos, él me habla de su huerta, de los chismes que se entera cada vez que va al club del barrio, discutimos sobre la inflación y la inseguridad. Un pequeño silencio entre los dos me anuncia que ahora me contará sobre Bruno. El lunes habló con él, le comentó que no volverá por unas semanas, de lo enfocado que está en su tesis para poder recibirse este año. Mejor dejarlo que estudie tranquilo, nosotros lo apoyamos desde acá; me había comentado que si tenía suerte en poquito comenzaría a trabajar, le contesto, casi convencida, para terminar rápido.
Es frecuente que le tenga que decir a mi viejo que tome el café que se le está enfriando. Es como un chico, habla tanto que siempre termina dejándolo, porque cuando se da cuenta ya está frío. A veces pide otro. Yo me río, nos reímos los dos. Él siempre fue así, incluso cuando estaba mamá se la escuchaba decir “Dale Jorge, terminá, que quiero lavar los platos”.
Me habla de mamá, y de mi gran parecido a ella, de sus ganas de ser abuelo…

  -A mí me gustaría tener un nietito. Bruno todavía es chico, pero en cambio vos ya estás en la edad. – Siempre me dice lo mismo, y yo, con una risa incómoda, trato de sacar otro tema.
  -Viejo, el otro día, me dijiste que fuiste al médico y no me quisiste contar lo que te dijo.  
  -Tengo que seguir tomando las pastillas. Nada más. No tenés  que preocuparte.
  -Siempre me decís lo mismo y no me contás las cosas. La última vez me tuve que enterar por un vecino que te habías desmayado. Si mamá estuviese…

Cada vez que el mozo trae la cuenta a papá se le llenan los ojos de lágrimas y a mí se me hace un nudo en la garganta. No sé cómo, pero siempre se me ocurre decir algo que le hace reír y rompe con ese triste momento.
Lo abrazo fuerte, y él me despide pidiéndome que le hablé si me entero de algo de Bruno.
  -Chau viejo, si llegas a hablar con él, decile que lo extraño y que siga estudiando así vuelve rápido.
Regresar a casa cada viernes es lindo y raro. Otra vez, me voy con esa sensación que me deja el café con papá, como si el tiempo no hubiese pasado.

El llamado de papá del martes, me cambió el humor. Dice que habló con Bruno y la próxima semana viene. Trato de fingir alegría y seguirle la corriente, no puedo hacer otra cosa. Con la muerte de mami pasó lo mismo, el primer año no dejaba de hablar de ella, decía que estaba bien, pero andaba ocupada y por eso no iba a tomar el café; o se había ido de viaje a visitar a la tía. Muchas veces tenía que irme al baño para que papá no se diera cuenta que estaba por llorar. Aunque yo soy la mayor,  Bruno es más fuerte, él  siempre supo cómo manejar la situación.
Después de dos años se le pasó, una tarde, raramente, dijo que deberíamos ir al cementerio a cambiarle las flores, nos quedamos sorprendidos y mudos.

¡Las semanas se pasan tan rápido!, otra vez es viernes de café. Esta vez a Jorge no se lo ve muy bien. Con una voz quebrantada, va dando sus primeras palabras. No suelta su taza;  pide otro café, y no porque se le haya enfriado el primero. Le pregunto por Bruno, le digo que hablé con él y que estoy feliz porque la próxima semana lo vemos.
  -¿Vos no estás feliz pa?
  -Sí hijita, claro que sí.

Es raro, como si hubiese aceptado todo.
Hablamos un par de cosas más, de su huerta, mis alumnos, Lili, el nieto y poco de Bruno. Nos reímos de viejas tonterías, me agarra la mano, mis ojos se reflejan intensamente en los suyos. Nos despedimos, con el abrazo fuerte de siempre, pero esta vez más largo, parece no querer soltarme.


Viernes, me dirijo al café. Doblo la esquina, esta vez yo llego antes. Espero a papá,  en la mesa de siempre, muy ansiosa  por decirle que Bruno llega esta noche. Su café se enfría. 

1 comentario:

Unknown dijo...

Me encanta tu cuento Noe, me gusta como lo redacraste y los diálogos entre padre e hija.