TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


Hsu Chih Yang

Déjà Vecu

Octavio manejaba solo por el camino sinuoso para regresar a su ciudad. No había otro auto más en la ruta, sólo la luz tenue de las estrellas y el recuerdo borroso, pero aromático, de un mismo sueño que hacía noches se repetía. Sin embargo, el rostro de fatiga por el viaje estaba a su vez pintado de alegría debido a esas oportunidades de la vida que a uno le llegan sorpresivamente.
Dos meses atrás la felicidad le había tocado la puerta. La editorial más prestigiosa de la ciudad estaba interesada en publicar una recopilación de todas sus poesías. Él las había subido semanalmente al blog personal desde hacía trece años, cuando terminó su estudio secundario.
Aún Octavio disfrutaba de la última experiencia de la feria del libro, la semana pasada, invitado especialmente por la editorial para reunirse con los lectores, fascinados por su obra. Su persona irradiaba el regocijo y el orgullo. Disfrutaba de cada autógrafo que había firmado a pedido de la gente, como cuando escribía las poesías; recordaba cuando le pedían tomarse fotos juntos a él, y sentía que todo el éxito lo irradiaba. Sin lugar a dudas, su obra había llegado al corazón de la gente.
Después de dos meses de actividades de presentación del libro en diversos lugares, había decidido viajar por primera vez a las sierras en el auto de su padre, sin la compañía de ningún amigo o familiar, como un regalo especial para él mismo en el día de su cumpleaños.
Le había encantado el viaje, el contacto con la naturaleza le había entregado abundantes inspiraciones para nuevas poesías. Pero el regreso se estaba haciendo demasiado largo. En un momento el auto se paró. Durante todo el día se había olvidado de recargar el combustible.

Una sensación inexplicable me invadió. Déjàvu. Miré el celular y estaba completamente sin señal. Volví a estar parado en el medio de la naturaleza rodeado por la oscuridad. Seguí caminando como si conociera el rumbo hasta que descubrí un sendero que conducía hacia el interior del bosque, donde apenas podía ver un punto brilloso de la luz. Había una casa y lo sé. La luz se expandía cada vez que me acercaba, y la sensación de familiaridad se volvía también cada vez más contundente. Ví en el fin de la senda una cabaña. Golpeé la puerta y me atendió una señora. Apenas la puerta se abrió, sentí el mismo aroma de café que soñaba. Le pedí ayuda y me invitó entrar a la casa. Al entrar ví un bahiut antiguo contra la pared, un retrato de una muchacha y un café humeante sobre el mueble. Pregunté por la chica del retrato.
-Mi hija, Lilia. Falleció de cáncer hace treinta años. Justo hoy es el aniversario-
Y le pregunté por el tazón de café porque me despertaba mucha nostalgia.
- Café sin azúcar en tazón. Era su favorito. Siempre le preparaba para esta fecha imaginando que volvería algún día- dijo tristemente.
-A ella le encantaba leer y escribir. Ahí están guardados todos sus escritos. Lástima que no sé dónde Lilia tenía la llave.- dijo de pronto la señora señalando el bahiut.
La intriga me tentaba a abrir el gabinete para conocer más a Lilia. Extrañamente, yo también tengo la misma costumbre de poner bajo llave mis libros y escritos.
-Señora, búsquela en su habitación, detrás del cuadro, si es que tiene.- Porque es lo que yo solía hacer.

La señora entró a la habitación de Lilia. Salió asombrada con la llave en la mano. Abrió el bahiut y empezó a mostrarme los escritos, mientras lloraba. Tomé un cuaderno con tapa de cuero bien antiguo, y empecé a leer. Temblaba. Cada palabra era mía. 

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