Una semilla
Mamá no está, la extraño tanto. De repente veo una luz
brillante que me produce un cosquilleo en el cuerpo. Es ella, tan luminosa como
siempre. Intento abrazarla, la siento lejos, pero ahí está. Su exquisito
perfume a jazmines me atrapa. Cuando la abrazo, me
raspa con sus brazos ásperos, parecidos a las ramas de un árbol. Su cabello me
roza la mejilla y puedo sentir como si una lluvia de pétalos se escurriera por
mi cara. Veo el banquito, la jaula de los pájaros, una maceta rota, el tapial
todo gastado. Está nublado y mamá se tiene que ir. Mi corazón se siente como
una flor que se marchita poco a poco. Esa pared blanca tiene una mancha,
colorada, desafiante. Pero mamáse aleja, su imagen cada
vez se hace más turbia y de repente ya no logro distinguirla.
Su padre lo llamó muy temprano. Quería que desayunaran
juntos, él se iría a trabajar como todas las
mañanas. A veces Joaquín se quedaba gran parte
del día solo,
intentando descubrir cosas nuevas.
A Joaquín no le gustaba para nada que su padre se juntara
a tomar cervezas con sus amigos. Él sabía que no eran nada buenos, tenían caras
muy perversas, y parecían ser muy hipócritas. Para él, su padre era el hombre
más bueno del mundo y no entendía por qué sus amistades eran tan raras.
Un día sábado por la mañana, el padre de Joaquín lo mandó al patio a juntar
leña para prender el fuego. Sus amigos vendrían a comer el clásico asado de los
fines de semana. Joaquín le obedeció como siempre hacía y mostrándose muy
solidario, se encaminó hacia el patio. Era bastante amplio, llegaba al corazón
de la manzana del barrio. Cuando Joaquín se acercó a
juntar la leña, observó algo que lo estremeció por completo. Encontró un pozo
muy profundo y bastante oscuro que le provocó cierta extrañeza. Estuvo un largo
rato mirando la pala, intentando decidir si lo taparía o lo dejaría
descubierto. Pero su padre, con una voz bastante agresiva, pegó
un grito para que regresara con la leña. Joaquín avanzó hacia el quincho y se
olvidó por un tiempo de aquel pozo.
La noche anterior su padre se había quedado hasta tarde
en el galpón. Ahí guardaba todas sus herramientas. Joaquín era muy curioso y
como no se podía dormir, se había levantado a ver qué hacia su padre. Observó
que estaba afilando su machete, también arreglaba la motosierra que había
permanecido rota por muchos años y, lo que más le causo miedo a Joaquín fue ver
que su padre lustraba la escopeta que hacía tiempo llevaba guardada.
Hoy, a pesar de los años, extraño mucho a mamá. Mi padre
nunca quiso decirme qué pasó.
Joaquín decidió volver a la casa después de un largo período. Como su padre
había muerto, la casa quedaba en sus manos. Antes de demolerla, decidió
recorrerla por última vez. Fue directo al patio en donde había transcurrido la
mayoría de sus tiempos libres. Se acordaba perfectamente de aquel día en donde
había detectado el extraño pozo, pero gracias a su padre había logrado
ignorarlo. Al caminar hasta el centro del terreno, notó que en el lugar del
pozo había crecido una bella planta. Todo ese espacio comenzó a provocarle una
cierta familiaridad. Se acercó hacia el ser vivo y se dejó atrapar por el
intenso aroma a jazmines. Intentó acariciar los pétalos de esas flores, y se
estremeció por completo al notar que eran tan suaves. Sin querer rozó una de las pequeñas ramas y
se lastimó el brazo. Pudo observar a lo lejos una maceta rota. Caminó hacia
atrás y se tropezó con una jaula de pájaros vieja. De repente, en una pared
blanca distinguió la mancha, colorada y desafiante. Finalmente, gritó.
2 comentarios:
muy buenooo melaaaa¡¡¡¡¡ el final, descolocadisimo quede¡¡
Quedó buenísimo tu cuento Mela, te felicito por tu inspiración.
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