Horas de luna
De vuelta pasa. Últimamente
es algo común el deambular sin sentido alguno a altas horas de la noche.
Por si no fuera suficiente
tener que estar atento a los acontecimientos que están pasando, además estar
pendiente de uno y del entorno por esas cuestiones que jamás creí que llegarían
hasta nosotros.
Tener que dormir con un ojo
abierto por si ocurre algo mientras no puedo controlar este cuerpo caprichoso.
Paso el día como todos los
otros: corridas, alguien mato a una persona, asaltos y cosas que uno sabe que
pasan pero no cree que le vayan a suceder en carne propia.
Emprendo mi viaje de regreso
a mi hogar, hundido en el asiento del colectivo y miro por la ventanilla el
cielo que se oscurece a temprana hora como pasa en los meses de invierno. Veo
el paisaje que entra en el crepúsculo, veo como se transforma sin más proceso
que estar inmóvil, inmutable al frio atrapante de la noche. Sin embargo, esta
vez es diferente, noto una débil luminosidad que aparece abarcarlo todo, alzo
la mirada y la veo… una luna llena se levanta imponente en el cielo, tan grande
y sin nada que opaque su espectral hermosura.
Llego a casa y recuerdo esa
visión de la luna; la busco sin suerte ya que mi hogar está rodeado por
frondosos árboles.
Solo en mi habitación pienso
en todo lo que tengo que hacer al día siguiente, pienso en las cosas que
supuestamente hare y apago las luces. En ese instante todo en mi cabeza se
disipa.
De la ventana de mi cuarto
veo una cascada de luz pálida proveniente del gran círculo, que inquieta el
vacío sin permiso y despierta en mí ideas raras.
Ya acostado dedico una última
mirada a esa ventana… esa luz que se adentra sin decoro alguno. ¡Que profunda
visión!
Los minutos pasan en un
silencio sepulcral y lentamente caigo presa del sueño, lentamente me invade
sensaciones extrañas y siento ¡Que irónico! Pensé tantas formas de olvidar que
hasta he llegado a profundizar esta particularidad nocturna.
El cansancio se hace sentir
en su cuerpo y la soledad lo rodea en esa inmensidad; mira a su alrededor y su
desconcierto crece ante el paisaje: un camino hacia un horizonte desconocido
bajo el cielo nocturno, a los alrededores se divisan unos pocos arbustos
diseminados al azar. Es algo que jamás sintió y por ello duda. En ese lugar el
tiempo parece estático e interminable, sin encontrar respuesta camina, pero
algo lo sorprende, un sentimiento de familiaridad lo invade y buscando con la
mirada la encuentra: la luna llena. La primera mirada no había captado el
entorno bañado por su luz y ahora mirándola fijamente se agita levemente.
Un pequeño estremecimiento me
sienta sobre la cama. Examino mi habitación para buscar la causa y no encuentro
razones aparentes, solamente la luz de la luna me inquieta un poco. Resto
importancia, tengo un día largo mañana y no he descansado como se debe, pero
noto algo… me ubico al borde de mi cama y mi fastidio crece al pensar que
estuve a punto de levantarme. Me acuesto y busco conciliar el sueño nuevamente.
En la soledad de ese camino,
busca llegar a donde sea con tal de entender hacia donde lo conduce ese camino
desolado y polvoriento; forzando un poco la vista puede ver una arboleda a lo
lejos y busca algo en los bolsillos del jean, pero no tiene nada, decide seguir
para encontrar fin a ese extraño viaje.
Mientras más se acerca a ese
monte se percata de algunas cosas: la soledad inusual, la luna ilumina todo
como tomando posesión, la arboleda parece no verse afectada por la luz pero aun
así siente una relación. Es cuando recuerda haber leído, en algún libro viejo,
leyendas indias que hablan sobre los efectos de las lunas sobre las cosas, en
especial la luna llena que potencia y maleficia lo que se encuentra bajo su
dominio. Parado frente a la arboleda ve como el camino se adentra hasta
perderse en la oscuridad, en lo que parece una puerta formada por la flora del
lugar; se adentra con un temor creciente hacia seres fabulosos.
Camina en ese lugar
desconocido y familiar a la vez, tratando de encontrar alguna pista que le diga
donde esta y por qué, pero solamente ve rayos de luz lunar atravesar los
arboles proyectando extrañas formas rectangulares y circulares. En el recorrido
de ese lugar ve el caer de una rama por la fuerza del viento causando un sonido
estruendoso aumentado por el silencio, aun las hojas casi transparentes dejan
oír un crujir frio en el vacío.
Impresionado y aturdido por
el ruido trata de llegar al origen pero tropieza; siente el frío del suelo pero
lo que más llama su atención es la superficie demasiado lisa. Intenta
incorporarse pero no puede, siente una presión sobre su espalda, algo de peso
creciente se posa sobre él y no entiende.
Por más que se esfuerce no
logra levantarse y lentamente se deja vencer, siente el peso del largo día que
tuvo, en lo que tiene que hacer mañana y la opresión sigue y con ella crece un
adormecimiento un tanto misterioso. El frío se apodera lentamente de él pero
piensa que es natural por la época. Antes de caer en ese frío y pesado sueño
trata de levantar la mirada y la encuentra: la luna inmensa, fija en la bóveda
celeste.
Los diarios vuelven siempre
con noticias nuevas y comunes… tráfico, economía, asaltos, una vida tomada
aparentemente “sin testigos”.
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