TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


Belén Gómez

Días Pasados

Casi no lo conocía y no habían hablado nunca, pero no entendía porqué se le había presentado de esa forma. Su rostro,  su ropa y hasta su voz eran igual a la de Juan.                               
La vida de Lotte siempre había sido la de una adolescente normal, con 22 años y con una carrera universitaria que acababa de terminar. Para festejar dicho acontecimiento, en este momento se encontraba de vacaciones y estaba yendo hacia Mar del Plata con la amiga que la había acompañado desde siempre, Isabel. Ambas tenían la intención de disfrutar su nuevo triunfo y despejarse de las preocupaciones. Aunque de niña sus padres siempre le habían dado con todos los gustos, no era una de  esas personas egocéntricas que solamente piensan en ellas y no les importa lo que le suceda a los demás. No, ella no era así. Sin embargo, Lotte estaba cansada de su rutina  común y esperaba que algo sucediera, algo que la cambiara y le diera otro rumbo a su vida.
La manera en que todo comenzó no fue casual, pero si importante. Mientras su amiga la esperaba en el coche, Lotte estaba entrando a la estación de servicio cuando vio a un chico alto, medio rubio y ojos color café lavando autos que la miró de una forma tan extraña, misteriosa, no emitiendo palabra alguna, pero diciéndolo todo con la mirada. Ella también lo siguió aunque no entendía nada, esperaba al menos un "Hola" de su parte, pero ni siquiera eso. Entro al mini mercado de la estación y compro las cosas que le hacían falta para seguir viaje, al mismo tiempo que miraba hacia la ventana para comprobar si él la seguía mirando o sólo había su imaginación. Al salir, el chico seguía observándola, hasta que ella entró en el auto. Mientras iba manejando, se sintió rara y un extraño dolor en su pecho comenzó a atormentarla. ¿Por qué la había mirado de esa forma?
Pronto llegaron al hotel, ya se acercaba la noche y no había tiempo para salir a dar una vuelta debido a que Mar del Plata no es tan seguro y mucho menos para dos mujeres tan jóvenes, por ende, preferían quedarse  allí para poder disfrutar del día siguiente. Isabel se encargó de hablar con la persona que estaba en la recepción que pronto le indicó cuál era su cuarto y le dio las llaves, la suya era la 215 que se encontraba en el tercer piso del hotel. A medida que Lotte iba subiendo por el ascensor, no dejaba de pensar en ese chico y las preguntas le seguían dando vueltas en la cabeza, pero prefirió no comentar nada con Isabel ya que diría que estaba loca, como era costumbre en ella. En el momento en que se acostó y pensó mejor todo lo que le había ocurrido ese día, se acordó que cuando era una niña había sido amiga de un chico llamado Juan. Él era su vecino y hasta iban al mismo colegio, pero de un día para otro lo dejó de ver y lo había olvidado, pero no sabía porqué.  A Lotte se le cruzó por la mente que quizás podría ser él, su amigo de la infancia a quien tanto extrañaba, pero le pareció imposible ya que sabía que su amigo había sufrido un accidente de tránsito dos años atrás. Por lo tanto, decidió que sería mejor sacarse esa duda de la mente y pensar que estaba de vacaciones para disfrutar y no para enfocarse en tonterías.
El día siguiente tuvo su rumbo normal. Fueron a la playa y pasaron toda la tarde allí, relajándose mientras contaron algunas experiencias de sus pasos por la universidad, pero Lotte seguía sin poder sacarse el pensamiento de la noche anterior. Esa mañana lo había buscado por todas las redes sociales existentes y no encontró nada de él, ni siquiera fotos viejas.
 Se hizo de noche y tuvieron que regresar. Al llegar y mientras su amiga bajaba algunas cosas del coche, Lotte logró ver a un muchacho de espaldas hablando con el recepcionista del hotel pero no le prestó demasiada atención. Cuando las dos muchachas entraron, ella vio cómo el joven recibía las llaves y se dirigía hacia el ascensor, pudo distinguir  el número 228, que estaba en el piso de arriba. De pronto creyó verle un parecido al chico de la estación y corrió para verificar si era cierto, pero llego cuando la puerta del ascensor había cerrado. Inmediatamente se dirigió hacia las escaleras y empezó  subirlas con rapidez, sintiendo que el corazón le latía cada vez más fuerte. Sin embargo, cuando llegó al piso no encontró a nadie.
Al acostarse y pensar en lo que había ocurrido, no lograba entender porqué había pasado todo eso. Esa noche casi no pudo dormir pensando, necesitaba hablar con alguien pero su amiga no era la persona más indicada para hablar de un tema delicado como ese. Por lo tanto, a la mañana llamó a su madre mientras ella se bañaba.
_ ¡Hola Lotte! ¿Cómo la están pasando?
_  Digamos que bien. ¿Ustedes cómo están?
_ Todos estamos bien cielo, pero te noto algo extraña. ¿Te sucede algo?
_ Mamá...¿vos crees que estoy loca?
_ Bueno, siempre lo estuviste (emitiendo risas) pero.. ¿A qué se debe tu pregunta?
_ ¿Nunca estuviste en una situación extraña?
_ Hija, me estas asustando. ¿De qué hablas?
_ Creo que estoy viendo a Juan. ¿Te acordas de él?
_Obvio que me acuerdo, pero es algo absurdo Sofía. Todos sabemos el destino que el pobre tuvo y que no fue nada lindo.
_ Me gustaría poder recordar ese destino.
_ Cariño, es normal que no te acuerdes de nada porque precisamente eso quisimos hacer. Trata de seguir con tus vacaciones y deja de imaginar cosas absurdas. ¿Puede ser?
_ Adiós mamá.
La cabeza de Lotte daba aún más vueltas, no entendía nada de lo que estaba corriendo y los nervios comenzaron a perturbarla, ¿Por qué su madre no quería hablar del tema?. Ahora la lista de preguntas había aumentado. ¿Era posible lo que mamá decía? ¿Era por eso que había sentido esa sensación tan extraña el primer día que vio a ese chico? Ya no sabía qué pensar. Lo único que quería era sacarse de la cabeza todo ese asunto, pero no podía, necesitaba volver a verlo.
Se pasó toda la tarde pensando sentada en una de las reposeras de la playa, sola, debido a que su amiga despertó muy mal y prefirió quedarse en el hotel. Mientras miraba a las personas que se paseaban en frente suyo, vio al chico de la estación nuevamente, caminando como si nada, mientras la miraba de la misma manera que antes. A Lotte le comenzó a latir el corazón y cada vez más fuerte, no podía creer lo que estaba viendo. El chico se iba alejando pero la seguía mirando tan misteriosamente como aquel día que lo vio en la estación, entonces sin pensarlo, decidió ir tras el y averiguar hacia donde se dirigía. El joven empezó a apresurarse cuando se dio cuenta de que Lotte lo perseguía y ella también lo hizo, obligándolo a correr. Cuando ya casi no lo veía, comenzó a gritarle que por favor se detuviera, que ya no podía más, pero en instantes se perdió entre la multitud.
 Desesperada, empezó a preguntar a algunas de las personas con las que se cruzaba, si habían visto a un joven corriendo, pero la respuesta no era la esperaba, ya que nadie había visto tal cosa.
La pobre Lotte ya no podía más de los nervios y de esa extraña sensación que le recorría todo el cuerpo, haciendo que se sintiera cada vez peor. ¿Cómo podía ser que solamente ella lo hubiera visto? Regresó rápidamente al hotel para buscar sus cosas e irse de ese lugar, Isabel no entendía nada pero prometió explicárselo cuando llegaran, pero antes de partir volvió a llamar a su madre.
_ ¡Lotte! Estas mejor?
_ No mamá. Estamos por volver, era sólo para avisarte. Creo que Juan no murió.
_ ¿Qué barbaridad estas diciendo hija? Mejor, volvé y lo charlamos en casa. Pero no cometas ninguna locura.
Al cortar el teléfono, inmediatamente armó sus valijas y salieron camino a aquella  estación de servicios. Sin embargo, al llegar y preguntar a cada una de las personas que estaban allí por él, nadie sabía nada y menos sobre algún joven llamado Juan. Lotte comenzaba a desesperarse cada vez más y a sentirse muy mal, solo quería entender lo que estaba pasando.

Al llegar a su casa, sus padres la estaban esperando en la entrada. Ella bajo del auto desesperada y asustada por todo lo que estaba ocurriendo, y corrió para abrazarlos pero no llegó a hacerlo, ya que se desmayó. Al mismo tiempo que ella sentía que su cuerpo ya no daba más vio a una persona que estaba atrás de sus padres, sin decir nada y que la miraba, fijo y misteriosamente, como siempre la había mirado él.  

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