TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


Constanza Prudencio

Entre la pluma y la pared
Domingo 19 de abril, día de la presentación de mi libro, el primero, el que refleja todos mis nervios, el que tanto costó escribir. No sé el titulo todavía, algún hecho me lo develará. Allí reuní todos los cuentos que escribí en diecisiete años de vida. Mi adolescencia fue básicamente eso, encierros de horas y horas en mi habitación, repleta de libros, papeles, borradores, bocetos. Era el “chico raro”, no me preocupaba mucho porque sentía que de esa rareza saldrían frutos.
Llego al salón donde iba a presentarlo, mis dos hermanas mayores me acompañan, mis padres y amigos ya están allí esperando mi llegada. Aunque no es lo mío, intenté vestirme de acuerdo a la ocasión. Así que busqué en mi armario aquel saco rojo con aroma añejo que había heredado de mi abuelo, al que yo llamo “cábala”.
Es en el auditorio de la ciudad, en la entrada hay una enorme pared blanca,  donde se exponen las próximas muestras, eventos; como también bellas pinturas de reconocidos artistas. Mi amigo José ha ambientado el lugar con su hermoso violín. Mis nervios y mis ansias no me dejan entrar, inconscientemente me detengo a observar el cuadro que más me llama la atención para olvidarme de la presentación por un momento. Es la pintura abstracta de un ruso llamado Kandinsky, tanto me metí en la imagen que literalmente quedo atrapado. De repente estoy dentro de la pared, encarcelado, sólo existe el borde de eso que se me ha figurado como una tapia, sin ladrillos, por dentro puedo sentir la pared como si fuera de mi propia entraña. Me falta el aire, siento que mis órganos van a estallar en esa aterradora oscuridad.  Golpeo con los puños transpirados y grito por ayuda “¡Olivia! ¡Martina! ¡Sáquenme de acá! ¡No puedo respirar!”, pero sólo consigo escuchar a una de mis hermanas en voz baja y tranquila decir “¿Matías, estás bien?”.
En un momento sentí despertar, sentí mis ojos abrirse y ver la luz tan blanca de nuevo. Enfrente tengo el cuadro, estoy en el mismo lugar y mis hermanas una de cada lado mirándome desconcertadamente. Olivia con un modo quejoso me dice: “Matías ¡la gente te está esperando! Hace como diez minutos que estás mirando ese cuadro.” Mientras me habla una gota de sudor cae por mi frente. No entendí nada, sólo supe que fue el instante más largo de mi vida.

Tomo aire. Voy hasta el auditorio, cada uno de mis pasos simbolizan veinte latidos de mi corazón. Lo único que puede tranquilizarme es el sonido del violín que proviene del auditorio. José ya estaba en el escenario, no tiene problemas con eso, su presencia en el escenario es costumbre. Llego, mi amigo termina de tocar y me presentan, el temblor de mis piernas no me dejan subir la escalera. Saludo a mis invitados como puedo y enseguida tomo mi libro, elijo un cuento para la ocasión. Lo escribí a los quince años en base a un sueño que había tenido mi hermana Martina. Lo extraño es que se despertó asustada y con las manos sudadas. Estaba en la cama de al lado levantándome y pude percibir su pesadilla. Me lo contó con lágrimas en los ojos a punto de caer y ahí mismo fui hasta la mesa, tomé mi cuaderno y comencé a escribir este cuento.

No hay comentarios: