TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA

Este blogfolio nació en 2008 para convocar la palabra escrita de las y los alumnos del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA de primer año del Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, provincia de Córdoba, Argentina.

Trabajamos intensamente en clases presenciales articuladas con un aula virtual que denominamos, siguiendo a Galeano, Mar de fueguitos.

Allí nos encontramos a lo largo del año para compartir los procesos de lectura y de escritura de ficción. Como en toda cocina, hay rumores, aromas, sabores, texturas diferentes, gente que va y viene, prueba, decanta, da a probar a otro, pregunta, sazona, adoba, se deleita. Al final, se sirve la mesa.

Como cada año, publicamos los cuentos que cada estudiante escribió como actividad de cierre del taller para compartir con quien quiera leernos y darnos su parecer. Hemos trabajado explorando el género narrativo, buceando en las múltiples dimensiones de la palabra. Para ello, la literatura será siempre ese espacio abierto que invita a ser transitado.

Hemos ido incorporando, además y entre otras muchas experiencias de escritura creativa, el concepto de intervención performativa sobre textos y de patchwriting.

El equipo de cátedra está conformado por Jesica Mariotta, Natalia Mana y Mauro Guzmán, quienes le ponen intensidad amorosa al trabajo del día a día, construyendo un hermoso vínculo con las y los estudiantes.

Beatriz Vottero - coordinadora


MARTES por Daniela Asfura


Martes, otra vez martes; como detesto los martes. Si, los martes. Algunos repudian los lunes pero yo no; me generan un rechazo incomprensible los martes. Quizás sea porque todos los hechos traumáticos de mi vida ocurrieron los días martes; la muerte de mi perro, un martes, el accidente de mi viejo, un martes, mi esguince, un martes, el engaño de mi novio, ¡ahh no! eso no fue un martes, pero igual, detesto los martes.
Y encima hoy soy la “ama de casa suplente”; y sí, desde que mi vieja empezó suele pasar; sinceramente no me agrada para nada tener que ordenar, hacer las compras, cocinar… pero desde que quedamos solas, no llega a cumplir todas sus obligaciones.
Si. Martes. Ama de casa suplente. Perfecto
Un kilo de pan, medio de cebolla, ¿papas? No no, papas hay ¿qué más me había pedido? Ahh, si si, kilo y medio de costeletas.
Directo al supermercado. Rueda pinchada. Hay que caminar. Viento, ¿por qué viento? Sol, lluvia, tormenta, lo que sea, ¡pero no viento! Por lo visto hoy no es mi día.
Martes. Ama de casa suplente. Viento. ¡Genial!

Camino al supermercado se percata de que se olvidó la bolsa de compras, desde que entró en vigencia la ordenanza hay que llevarla a cada negocio de la ciudad.
Regresa. Comienza la búsqueda de la bolsa. No la encuentra. Algo anda mal ¿será una señal? Tonterías. Agotada de no obtener el resultado esperado, se sienta en una silla, la de madera, al costado izquierdo de la mesa. Cierra los ojos. Una sensación de angustia invade su cuerpo. A su mente vuelve el sueño de la noche anterior, pasaba meses sin soñar, o bien, sin recordar lo que soñaba, aunque hacía una semana despertaba con una desesperación inexplicable. Sofocada por su malestar abre sus ojos, observa en la silla ubicada a su derecha la bolsa tan buscada. La toma y sale hacia el supermercado. 
En el camino no puede evitar recordar y pensar en su sueño. – Buen día. La sorprende su vecina que ingresaba en el mismo instante que ella en el local.
Sobresaltada decide dejar de lado ese asunto y concentrarse en el pedido. Debía realizarse con exactitud, no debía olvidarse de nada, sabía que si lo hacía sería motivo de otro conflicto familiar.
Un kilo de pan, medio de cebollas, kilo y medio de costeletas y ¡puré de tomates!, lo recordó al pasar frente al pasillo nueve, donde luego de buscar el resto de los productos regresaría.
En el nueve, estira su brazo derecho para tomar la botella. Sus ojos perdidos en la nada. Su cuerpo preso de un incontrolable temblor. Su respiración agitada. Sudor que caía por su frente rodeando sus ojos desorbitados. Su mano dejando caer la botella. Permanecía firme en su posición. Su cuerpo corroboraba su presencia pero no reaccionaba.

 Y llegué a la naciente de un camino que no dudé en transitar. Caminando por la espesa vegetación de aquel bosque que de niña había conocido y que su recuerdo se me había borrado. Alto, es el mismo bosque del sueño de anoche. Felicidad, libertad, soledad… ¡estoy tan bien! Pero, ¿por qué comienzo a sentir miedo, dolor y preocupación?
Continúo andando. Llegué otra vez a esa cabaña que conocí a los nueve años. De madera de algarrobo, dura y resistente como el mismísimo árbol. Subí las escaleras traseras y llegué al porsche. Tras grandes esfuerzos por correr ese mueble rotoso, accedí a las cercanías de una ventana. La curiosidad puso más, aunque sabía que debía marcharme. Me asomé. En el interior de la casucha una mesa rectangular pequeña, ubicada paralela a mi ubicación. A su alrededor tres sillas dispuestas de un modo particular, miraban hacia el lado opuesto de la mesa, es decir, su espaldar estaba en contacto con el filo del mueble. Más al fondo se divisaba una pequeña cocina. Sin dudas, desde allí provenían las primeras voces calmas que se iban tornando fuertes reproches.
Los insultos eran dictados por dos personas que se dirigían a la habitación que tanto había observado. La mujer, de cabellera negra y ojos aún más oscuros, mantenía su dedo acusador hacia el hombre que, cansado de discutir, se había sentado en una de las sillas y mirando hacia la pared, con esa mirada de mar, había optado por abstenerse de comentarios.
Una voz que decía: - Lárgate. Ahora ¿Qué esperas? Esta vez nada podrás hacer. Tardé unos segundos en comprender que esa voz no era de mi conciencia, sino de un niño de tal vez nueve años, cabellera tan negra como la de la histérica mujer y ojos aún más turquesas que los del señor. De repente, el niño desapareció. Ágil se escabullía en los arbustos. Pensé en seguirlo, pero la pulsión de curiosidad otra vez pudo más.
Permanecí en mi posición, volviendo la mirada hacia la ventana. Un almanaque. Martes nueve; había olvidado que era martes. Un ruido. El hombre se levanta brutalmente hacia la señora, que mediante empujones logra apartárselo y tirarlo hacia la otra silla. La nuca de aquél hombre choca bruscamente contra el espaldar, ocasionando un leve momento de inconciencia. Me desvanecí en el suelo chocándome el mueble viejo y roto. Desperté luego de un momento y nuevamente yo asomada a la ventana.
El hombre se encontraba sobre la mesa, atadas cada una de sus extremidades por sogas que se unían con las patas del mueblucho. Permanecía inmovilizado, lógicamente, pero yo, yo tampoco podía ni levantar mis brazos, ni mover mis piernas y no entendía porqué.
La mujer, mucho mas despeinada que hacía unos instantes atrás, se acercaba furiosamente hacia el hombre, con su mirada que destallaba fuego, tan penetrante que provocaba escalofrío, con su risa exasperada que se deleitaba por el esfuerzo que ahora, el señor realizaba tras recuperar la conciencia. Nada podía hacer ante el espectáculo que se desenvolvía ante mis ojos. O quizás si. Aunque sólo podía gritar, creo. Mis piernas inmovilizadas no servían para huir y menos para ingresar a la casucha para evitar lo que fuera que fuese a suceder.
Abalanzándose hacia aquél extraño de traje negro y rostro que ahora me resultaba familiar, sacó de entre sus harapos una cuchilla, de las que se usan en las carneadas, brillante y filosa. Comenzó a penetrar  sin remordimiento aquél cuerpo inmóvil y temeroso.
Primer apuñalada. Alaridos de auxilio, de sufrimiento, de resignación. Quiero gritar bien fuerte, como cuando discutía con mamá, con papá. Imposible. El sonido de mi voz se había apagado. Ya nadie podría escucharme. Nuevamente su cuchilla toma altura y desde su nueva posición – arriba del cadáver- su arma inicia nuevo viaje, directo al estómago de la presa, que comenzaba a liberar un ferviente rojo.
Sintiendo un ardor en su vientre, logra por fin tocárselo con su mano derecha que tras deslizarse por éste, se baña de un cálido y espeso líquido, que ahora frente a sus ojos, tomaba color rojo oscuro y llenaba de espanto el rostro de la joven salpicado por el fluido.
Mirando nuevamente por la ventana, observa de modo difuso como aquella insaciable mujer seguía apuñalando al pobre hombre. Cada nueva apuñalada que aparecía en el extraño, en ella se sentía como navajazos intensos. Ardiéndole su estómago, intenta gritar, aunque esta vez ya no le importaba obtener ayuda, sólo desahogar su dolor.
Desvaneciéndose lentamente, finaliza por situarse en el suelo, rodeada de un flamante rojo pasión que cada segundo aumentaba su dimensión, y que provenía de su vientre herido, que dejaba escapar sin timidez a cada víscera que se aproximaba a los nueve orificios.
Sus alaridos habían reunido a un  par de personas a su alrededor que, extrañadas de lo ocurrido, no sabían que hacer. Habían sido testigos de cada nueva perforación que surgían en esa joven, ahora recogida por los bomberos, por las que fuertes torrentes sanguíneos se dispersaban en el pasillo nueve.    
Si. Martes. Ama de casa suplente. Viento. Angustia. ¡PERFECTO!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me pareció una historia atrapante y sumamente interesante.
A pesar de ser un relato largo esta muy bien organizado, ya que no necesite volver hacia atrás o releerlo.
Me agradó mucho el desenvolvimiento de la historia y y la incorporación de nuevos personajes.
Buena estructura.
Buena organización.
Muy buenas descripciones, esto es muy importante en una narración, ya que ayuda al lector a obtener una buena interpretación.
Lo que me cautivó de esta historia fueron las distintas escenas, en los distintos lugares geográficos en los que se llevó a cabo y la adhesión de cada personaje.
La considero una historia verídica de alguna manera, ya que se utiliza mucha cotidianidad en ella, y también por el vocabulario utilizado.
FELICIDADES MUY BUEN CUENTO.
Estefania Guarino

Profe Beatriz dijo...

Como señala Estefanía, es un relato que nos lleva hacia el final de modo inevitable, como si cayéramos por una pendiente tomando velocidad. No tiene vaivenes ni altibajos sino un "crescendo" que -lejos de demorar el desenlace- lo precipita en una atmósfera dramática donde realidad, vigilia, sueño, delirio se amalgaman en una misma textura y donde el propio lector queda involucrado como testigo (quizás el único testigo) de lo que acontece.
De fondo, un problema familiar que asoma por momentos a la superficie del relato como el desesperado manotazo de quien se ahoga, y que quizás delimita el verdadero argumento de lo que necesita ser contado: ¿qué pasó con esa madre? ¿por qué la protagonista es ama de casa suplente? ¿"desde que empezó" qué? ¿qué tiene que ver la disputa en la cabaña y el niño que huye con la complicidad de la mujer (adolescente tal vez) que va al supermercado?
El viento como una tormenta, como una ráfaga que no deja nada en pie, que todo lo ensucia. Pero también, quizás, un viento que barre, que despeja, que -al final- dejará por fin limpio y libre un nuevo escenario.
Buen trabajo de escritora y comentarista. Las felicito a las dos.

Euge dijo...

Dani, te dejo acá la primera devolución del cuento que te hice para que sigamos pensando, pero fundamentalmenete para que entre todas podamos responder las preguntas y empecemos a "leer como escritoras".

Tu cuento me gustó mucho, es muy original, fundamentalmente porque te animaste a ir más allá de lo establecido, lo tradicional. Está muy bien escrito en cuanto a redacción, ortografía y puntuación. Además, el hecho fantástico está resuelto de manera muy ingeniosa ya que trabajaste con el tema del sueño; con una escena que nace como producto del inconsciente del personaje y le perturba su realidad cotidiana.
Por ahora, aquí van algunas preguntas que fueron surgiendo a medida que leía tu cuento. Lo importante es que empecemos a leer como escritores y que podamos buscar todas las huellas posibles que nos ha dejado el narrador en tu relato, para que de esta forma vayamos trabajando en la búsqueda de generar mayores desafíos al lector. Te preguntaste ¿qué tipo de lector querías? Es hora de empezar a hacerlo y es hora también que empecemos a mirarnos como escritores y desafiarnos en las inumerables posibilidades que nos brinda el proceso de escritura de ficción.

•¿Por qué pensaste en primera instancia un narrador en primera persona para tu cuento y luego cediste la voz a un narrador en tercera? ¿Cuál fue tu intención? Fue consciente o al azar?
•¿Por qué este personaje – protagonista que aparece en tu cuento en un principio como muy reflexivo, pensante, pierde estas características a medida que transcurre la historia?
•¿Quién es ese narrador en tercera que aparece en tu cuento, cómo te lo imaginás?
•¿Por qué no se vuelve en la historia a insistir con lo del día martes?
•¿Por qué la muerte de ese hombre es sentida de esa forma por el personaje protagonista? ¿Qué relación plantearías para vincular la escena del asesinato y los estigmas que sufre el personaje?
•Tu personaje principal sufre una transformación (distintas sensaciones psíquicas y físicas) a medida que recuerda la escena del sueño, ¿no te parece que podrías describir con mayor misterio y de manera más minuciosa el momento de esa transformación?
•¿Por qué una cabaña en el bosque? ¿No sería necesario que haya alguna relación entre el personaje y ese lugar?
•¿Por qué la voz de ese niño que le habla en el sueño? ¿Quién es ese niño?
•Para pensar el final de la historia: ¿quién sueña en tu relato? Podrías darle más misterio y suspenso al descenlace, ¿qué te parece?

Euge dijo...

Las ivtito a responder o sugerir otros comentarios, un beso grande!